21 Hermosas lecciones de Herodoto

De todas las posesiones, un amigo es la más valiosa.

En paz, los hijos entierran a sus padres. En la guerra, los padres entierran a sus hijos.

Es mejor, por noble audacia, correr el riesgo de estar sujeto a la mitad de los males que anticipamos, que permanecer en una cobarde desgana por miedo a lo que pueda suceder.

Estoy obligado a decir lo que me dicen, pero no en todos los casos a creerlo.

¿Ves cómo el dios siempre lanza sus rayos a las casas más grandes y a los árboles más altos. Porque él suele frustrar todo lo que es más grande que el resto.

Si un hombre insistiera siempre en ser serio, y nunca se permitiera un poco de diversión y relajación, se volvería loco o se volvería inestable sin saberlo.

Las grandes obras suelen ser realizadas con grandes riesgos.

No hay nada más tonto, nada más dado a la indignación que una turba inútil.

El hombre que ha planeado mal, si la fortuna está de su lado, puede haber tenido un golpe de suerte; pero su plan era malo de todos modos.

Todas las ganancias de los hombres son el fruto de la aventura.

El conocimiento puede dar peso, pero los logros dan brillo, y mucha más gente ve que pesa.

Algunos hombres renuncian a sus designios cuando ya casi han alcanzado la meta; mientras que otros, por el contrario, obtienen la victoria ejerciendo, en el último momento, esfuerzos más vigorosos que nunca.

Está claro que no en una sola cosa, sino en muchos aspectos la igualdad y la libertad de expresión son algo bueno.

La fuerza no tiene lugar donde se necesita la habilidad.

La desgracia humana más odiosa es que un hombre sabio no tenga influencia.

Uno siempre debe mirar al final de todo, cómo saldrá finalmente. Porque el dios ha mostrado su bendición a muchos, sólo para derribarlos completamente al final.

Cuánto mejor es ser envidiado que ser compadecido.

Nunca he temido a esos hombres que se reúnen en medio de sus ciudades para engañarse unos a otros y jurar juramentos que rompen.

El destino del hombre está en su propia alma.

Como bien dice la vieja sierra: cada final no aparece junto con su principio.

De todas las miserias de los hombres, la más amarga es ésta: saber tanto y no tener control sobre nada.