21 Lecciones de vida de Abraham Lincoln

Al final, no son los años de tu vida los que cuentan. Es la vida en tus años.

Asegúrate de poner los pies en el lugar correcto, y luego mantente firme.

El carácter es como un árbol y la reputación como una sombra. La sombra es lo que pensamos de ella; el árbol es la cosa real.

No puedes escapar a la responsabilidad del mañana evadiéndola hoy.

Casi todos los hombres pueden soportar la adversidad, pero si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder.

La mejor manera de destruir a un enemigo es convertirlo en un amigo.

No estoy obligado a ganar, pero estoy obligado a ser sincero. No estoy obligado a tener éxito, pero estoy obligado a vivir con la luz que tengo. Debo estar con cualquiera que esté en lo cierto, y estar con él mientras esté en lo cierto, y separarme de él cuando se equivoque.

Tenga siempre en cuenta que su propia resolución para tener éxito es más importante que cualquier otra.

Dame seis horas para cortar un árbol y pasaré las cuatro primeras afilando el hacha.

Puedes engañar a toda la gente algunas veces, y a algunas personas todo el tiempo, pero no puedes engañar a toda la gente todo el tiempo.

No se preocupe cuando no se le reconozca, pero esfuércese por ser digno de reconocimiento.

Mejor callar y ser considerado un tonto que hablar y eliminar toda duda.

Lo que sea que seas, sé bueno.

Las cosas pueden llegar a los que esperan, pero sólo las cosas que dejan los que se apresuran.

La probabilidad de que podamos fracasar en la lucha no debería disuadirnos del apoyo a una causa que creemos justa.

Siempre he encontrado que la misericordia da más frutos que la justicia estricta.

Nunca tuve una política; sólo he tratado de hacer lo mejor cada día.

La boleta es más fuerte que la bala.

El hecho de que algunos logren un gran éxito, es una prueba para todos de que otros también pueden lograrlo.

Aquellos que niegan la libertad a los demás no la merecen para ellos mismos; y bajo el gobierno de un Dios justo, no pueden retenerla por mucho tiempo.

Ningún hombre es lo suficientemente bueno para gobernar a otro hombre sin el consentimiento del otro.